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El secreto El secreto está en la CIA

Leopoldo Fernández Pujals, ex capitán de marines y colaborador de la organización ultraderechista Fundación Nacional Cubano-Americana, pone a la venta su imperio español: Tele Pizza. El resultado de la operación, estimado en 54.000 millones de pesetas, podría financiar las operaciones políticas del pizzero en la oposición al castrismo. Desde Miami, una voz autorizada asegura que se trata de otra maniobra de la CIA.

25 DE OCTUBRE DE 1999
ARTICULO 20

Manuel Sanabria

La fulgurante estrella de Tele Pizza, que iluminara el parquet de la Bolsa madrileña desde su cotización hace tres años, empalidece ahora a medida que crece la sospecha de la inminente venta del 31 por ciento de su paquete accionarial, decisión que ya habría tomado Leopoldo Fernández Pujais, fundador y presidente de la cadena. Desde que el rumor tomó cuerpo a mediados del mes pasado, las acciones de la principal empresa pizzera cayeron en picado y en la última semana registraban pérdidas superiores al 40 por ciento. Dinero Quince-el boletín financiero de la Organización de Consumidores y Usuarios- aconsejaba en su última edición no comprar títulos de esa firma y explicaba las razones: "Desinterés de su mayor accionista".


Que Leopoldo Fernández Pujais, un cubano formado en Estados Unidos y nacionalizado español, vaya a deshacerse repentinamente de la exitosa empresa por él fundada hace doce años en Madrid, podría solventar cualquiera de las especulaciones rutinarias que recorren la febril imaginería bursátil. Pero que el libérrimo Pedro Schwartz, un hombre generalmente bien informado en el maridaje político-mercantil, arriesgara en una tertulia de Onda Cero la certeza de que Fernández Pujais se desentendía de las pizzas para sumarse a la primera línea del frente anticastrista, era, en efecto, un asunto que proporcionaba un interés añadido a la mera inquietud del parquet.
El 31 por ciento de Tde Pizza equivale a 54.000 millones de pesetas, en Miami, corazón del anticastrismo, alrededor de 340 millones de dólares, una cifra harto suficiente para las presuntas aspiraciones políticas del rey de la mozzarella.

Capitán de marines


A un año escaso del triunfo de la Revolución Cubana, en 1960, los Fernández Pujals abandonaban su privilegiada situación en la isla y se instalaban, ¡cómo no!, en Miami; con ellos viajaba el pequeño Leo, de trece años, quien acabaría consagrándose como el hijo pródigo. Por entonces, el chico, que parecía destinado a convertirse en un astro del béisbol, acuñó una consigna que marcaría a fuego su carácter obsesivo:"Ganar no es todo lo que hay en la vida, es lo único".
Pronto completó su ideario existencial con otra máxima: "Tener que ganar siempre no cansa, lo agotador es terminar segundo, por la frustración". Y, quién lo duda, fue fiel a sus principios morales.
Si no triunfó con el bate fue porque sus manos se adaptaban mejor a la metralleta; así, consiguió ser el número uno de su promoción en la Escuela de Oficiales de Fort Velvoir, en Virginia. Eran los años en que las tropas de los Estados Unidos desvastaban el paisaje de Vietnam tras las huellas de "charlie", y allá fue Leo con su recién estrenado uniforme de marine y su munición de muerte. Tras un año en el lejano frente asiático regresó con una medalla de bronce en la pechera y los galones de capitán; nunca se supo el número de vietnamitas que pagaron con su vida aquellos tributos, pero los Fernández Pujals ya tenían un héroe en la familia, y la envidia de la vecindad cubana de Miami.


Sin embargo, el joven Leo pronto comprendió que su futuro no estaba en las trincheras sino en los despachos; colgó el uniforme, se anudó una corbata y estudió, es un decir, Contabilidad y Finanzas. Tras un primer empleo como auditor y sospechar el largo camino que le proponía la vida, buscó un atajo y se empleó como vendedor en la multinacional de artículos de limpieza Procter and Gamble, empresa que, casualmente, sirvió de tapadera para agentes de la CIA que actuaron en España en la década de los 70. Allí aprendió muchas cosas, tantas que no tardó en emigrar a Johnson and Johnson, la firma norteamericana de cosméticos, por segunda vez casualmente, también denunciada por su vinculación a la CIA para sus operaciones en Centroamérica.


Una tercera casualidad quiere que el ejecutivo de ventas Leopoldo Fernández Pujals viaje precisamente por Guatemala y Panamá, en representación de Johnson and Johnson, antes de recalar definitivamente en España, en 1981, como directivo de esa empresa. Aquí cambiará el guión, pero no el personaje, y descubrirá las posibilidades de las fasts foods entre los paladares españoles.
En 1987, el veterano de Vietnam y capitán de marines, agente de Procter and Gamble y Johnson and Johnson, abre su primer local en el madrileño barrio del Pilar; nacía Tele Pizza. En apenas doce años la marca conquistó un mercado que hoy lidera con 233 establecimientos en toda la geografia española, y presencia en Portugal, Polonia, Chile y México. Según las estimaciones, cada familia española consume tres telepizzas al año, lo que supuso una facturación de 48.000 millones de pesetas en el último ejercicio. De 85 empleados en 1988 creció hasta los 22.900 que ahora reconoce la empresa. Sobre ellos descansa una fortuna amasada, nunca tan propiamente dicho, en el breve lapso de doce años. Leopoldo Fernández Pujals parece dispuesto a vender su porción del negocio por 54.000 millones de pesetas, pero muchos de sus trabajadores no alcanzan las 30.000 pesetas al mes.


¿Tienes de 18 a 26 años?


La clave del éxito está en los repartidores; una llamada telefónica y media hora más tarde ahí está él, todavía pálido, después de haberse jugado la vida por satisfacer con urgencia la demanda del cliente y las exigencias de la empresa.
Estudiantes, generalmente, que compatibilizan alguna carrera con las carreras a contrareloj al mando de un ciclomotor por las calles de las grandes ciudades.
David De Ben, por ejempio, estudiaba Geografla e Historia cuando, necesidad impone, respondió a la convocatoria de Tele Pizza, donde aguantó tres meses.
David nunca había conducido una moto, pero por 5.000 pesetas consiguió un permiso y se alistó en Tele Pizza. "Mi caso es el más habitual, la gente aguanta poco tiempo y a la empresa tampoco le interesa que te quedes, por eso siempre están solicitando personal". Pero si algo le preocupaba a David eran los robos. "A la semana de entrar a trabajar tuve un reparto de cuatro pizzas a cuatro direcciones distintas, despaché la primera y cuando volví a la moto me habían robado las otras tres con sus respectivas bolsas térmicas, la empresa me las descontó de mi sueldo...". Y el sueldo, claro. "Ganaba 25.000 pesetas por un mínimo de 1O horas semanales.
Jorge Piera, que estudia Relaciones Laborales, nada menos, aguantó un poco más: siete meses, pero sólo trabajaba los fines de semana. "Primero tuve un encargado que tenía buen rollo y me consta que lo echaron. Después tuve otro que, cuando se me acababa el contrato de cuatro meses, me dijo que para renovar tenía que trabajar los fines de semana por la noche, necesitaba el dinero y tuve que ceder". Las 23.000 pesetas que ganaba incluían otros trabajos. "Limpiar la tienda, sacar las motos, descargar mercaderías de los camiones... "
Le habían prometido 27.000 pesetas, pero ganaba 4.000 menos. "Cuando averigüé a qué se debía fue cuando supe que a los chicos de 16 años les pagaban menos que a los de 17 y a los 17 menos que a los 18..., aunque todos hacíamos el mismo trabajo". Se sintió agobiado. Agobiado no es la palabra, me sentía a disgusto". Y le cambió el carácter. "Yo normalmente estoy de coña, pero cuando trabajaba allí
no, me puse serio, muy serio... Y además ese jefe, ¡qué cabrón! Se fue. Me fui, y detrás de mí varios compañeros. Decidí que no valía la pena, ya me buscaría otra cosa, pero eso ya no me merecía la pena, ¡qué va!".

Roberto, nombre supuesto de un repartidor que tiene un récord en la empresa, tres años, estudia Ingeniería Técnica Industrial pero ya tiene un master en Tele Pizza. Con un contrato de 60 horas mensuales alcanza el sueldo base: 29.000 pesetas, más los incentivos (75 pesetas por pedido). Una aclaración. "Los incentivos te los quitan si te niegas a hacer más horas de las que te corresponden" . Para Roberto lo peor llega cuando tocan los turnos de cierre. Siempre te excedes en los horarios previstos... Que si la limpieza de la tienda, que si hay que guardar las motos, que si hay que tirar la basura..., y los encargados generalmente no apuntan el tiempo extra trabajado". Existe una razón. "Los
encargados cobran incentivos por ahorrarse trabajadores
". Y añade: "Incluso los repartidores nos tenemos que hacer cargo de la publicidad de la empresa, el buzoneo, ya sabe...". De todos los males, para Roberto el peor es el de la herramienta laboral: la moto. "Son deshechos, están tan usadas que no vale la pena ni robarlas, la empresa lo sabe y por eso están así". De ahí los accidentes.


"Cómo no los va a haber si tienen problemas de frenos, de luces, de dirección, de motor...; a veces ni las ruedas tienen presión". Sin embargo, NCR, el taller que trabaja para Tele Pizza, las revisa dos veces por semana. "Hacen el paripé, si hay un problema de frenos, por ejemplo, en vez de usar recambios sólo tensan los cables y date por contento". Eso sí, de cara a los clientes las normas son estrictas:
"Nada de pelo largo, ni sombra de barba, ni pendientes". Roberto tiene una novia en la empresa, pizzera, para más datos, y habla por ella. "Tiene un contrato por 47 horas semanales y gana 25.000 mil pesetas". Si redondea las 27.000 es por los incentivos. "Por atender el teléfono, que nunca debe sonar más de dos
veces". Es decir, extiende la masa, distribuye los ingrediente y atiende el teléfono. "Sí, son pizzeras y telefonistas a la vez". Aún así, son capaces de superar varios récords. "En una hora pueden hacer entre 10 y 15 pizzas". Y de algo más. "Limpian el local y hacen la publicidad por buzoneo, pero si hace falta
también reparten pizzas a pie".

Oportunidades de futuro

Los repartidores suelen quejarse de los encargados, los encargados de los jefes, los jefes de los supervisores...; es la pizza piramidal sobre la cual se asienta el imperio del capitán de marines. José Antonio López González fue uno de esos mandos intermedios que un día creyeron en una empresa que prometía "auténticas oportunidades de futuro", esa fe le costó una prolongada depresión. "Empecé
como repartidor y, al poco tiempo, cuando me llegó una oferta para trabajar en el aeropuerto, en Tele Pizza me propusieron un contrato flexible y me quedé". José Antonio era un chico emprendedor. "Soy muy activo, así que estaba pendiente de lo que hacía el encargado, la pizzera... Poco a poco fui aprendiendo a manejar la tienda". La empresa, encantada. "Entre reparto y reparto aprendí a estirar la masa, a usar el horno; ayudaba al responsable de ventas, montaba el local, organizaba...". Se convirtió en un comodín. "Tenía total disponibilidad hacia la empresa; me llamaban a cualquier hora y yo iba, claro". Un hombre orquesta.


"Yo mismo entraba en la cámara, sacaba la masa, la estiraba, le ponía los ingredientes, la metía en el horno, la sacaba, la empaquetaba, la metía en la moto y se la llevaba al cliente". Hizo las pruebas pertinentes, pero no promocionó. "Hubo un cambio de jefe y estuve un tiempo estancado". Incluso herido. "Sí, hubo un atraco en la tienda y recibí un navajazo en una pierna; estuve un montón de tiempo de baja, y aún así, ni promoción ni nada". A cambio, unas pesetas. "Me dieron 40.000, aproximadamente, o 45, creo . Eso sí, el sueldo no se movía. "No recuerdo exactamente, pero tal vez fuesen 30.000 pesetas". Aún así, era el repartidor más rápido de la barriada madrileña de Canillejas. "Treinta y cinco pedidos en cuatro horas; siempre iba al máximo".
En una de esas, estuvo a punto de convertirse en el mártir de Tele Pizza. Haciendo un reparto me atracaron dentro de un ascensor, yo me resistí y me clavaron una jeringuilla; tuve suerte, no estaba infectada". Nueva ingratitud. "Hice la denuncia, pero la empresa no puso ni siquiera un abogado . Al fin llegó su oportunidad. "Me cambiaron a una tienda que acababa de abrir, y me nombraron encargado". Se ganó la confianza del jefe. "Por mi trabajo y por superarme fui pasando por encima de la otra gente, y cuando mi jefe se fue de vacaciones, yo hice la suplencia . Fue duro. Hablaba con los repartidores y
les pedía que se quedaran aunque hubieran acabado su horario; sabes que no les vas a pagar las horas, pero que se queden, que ya le compensarás de alguna manera". La presión venía de arriba. "Me decían: el que no vale, no vale".

Tuvo su... ¿recompensa?

"Un día me preguntaron que si estaba dispuesto a trabajar en otro país, y yo respondí que sí, que
inmediatamente". Y llegó a Chile, con la promesa de permanecer un año, y un contrato indefinido de jefe al regreso. "Fui de encargado, abría la tienda, preparaba todo, contrataba a la gente..." Tenía visado de turista, pero contrataba personal. "Era ilegal, ya lo sé, pero esas condiciones las imponía Tele Pizza, y yo qué iba a decir". Primero en Santiago de Chile, después en Rancagua. "Trabajé duro, salvé la tienda de Rancagua, que estaba a punto de cerrar, siempre con la mínima inversión". Tuvo problemas con los trabajadores chilenos.

"Siempre, es que siempre había conflictos, falta de entendimiento, otra forma de trabajar; lo que pasa es que allí tienen un convenio y las horas que trabajaban había que pagarlas". Quemado, y después del plazo convenido, solicita volver a España.
"Me endeudé, pagué con mi Visa cosas de la empresa por valor de 200.000 pesetas; no aguantaba más". No tuvo premio. "Cuando volví a Madrid fui a la central de Tele Pizza y pedí lo que me habían prometido, me dijeron que nanai, que siguiera haciendo méritos en Barcelona o en Levante".
Se negó, por supuesto. "Entonces me mandaron de suplente a una tienda de Vallecas". No congenió con el jefe. "No me dejaba hacer nada, me marginaba, hasta que una noche me dijo: "Oye, José Antonio, a partir de hoy no trabajas más para nosotros ". Reclamó en las oficinas centrales de la empresa.

"No hubo nada que hacer; me dieron 900.000 pesetas de indemnización, pero lo que más me dolió fue que no me trataran como una persona, porque yo me sacrifiqué, a mí me gustaba, le dediqué mucho tiempo, mucho esfuerzo..." . Entonces llegó la depresión. En todo ese tiempo su sueldo nunca varió: 119.000 pesetas a cambio de una ilusión.

Pistas en Miami

Gracias a esos repartidores o a esos jefes que lo dieron, lo dan todo por Tele Pizza, Leopoldo Fernández Pujals ha conseguido que su empresa fuera una de las cien con mayor crecimiento en todo el mundo, según consignaba la revista Forbes en noviembre de 1998. Pero ahora, debido a la indiscreción del mentor autóctono del neoliberalismo, Pedro Schwartz, sabemos que el capitán Leo quiere
vender su parte -Telechef, del grupo Campofrío, sería el comprador- para hacer carrera política en la oposición al castrismo. Consultado por ARTÍCULO 20, Schwartz confirmó la especie y dijo que así se lo había dicho su amigo Carlos Alberto Montaner, presidente de la Unión Liberal Cubana, acusado por el Gobierno de La Habana de actos de terrorismo y de pertenecer a la CIA en los años 60. Montaner, en conversación con esta revista, se limitó a confirmar su amistad con el pizzero, a quien califico de "diafano,
simpático y auténtico demócrata", y reconoció que, "un hombre con 54.000 millones de pesetas siempre será un aliado". Ramón Cernuda, representante de uno de los sectores más dialogantes de los cubanos asentados en Miami, en comunicación telefónica con ARTÍCULO 20, aseguraba desconocer los propósitos de Fernández Pujals, pero reconocía que "con ese dinero se pueden dar buenos saltos en la oposición al régimen de Castro", y se alegraba: "En cualquier caso, bienvenida sea".


El periodista cubano Francisco Aruca, residente en Miami, respondía así a la demanda de ARTÍCULO 20:"Carlos Alberto Montaner tiene una mente calenturienta, es un inventor de conspiraciones y todo lo que venga de él siempre es sospechoso. En cuanto a Fernández Pujals, que sepa que la derecha de Miami está desprestigiada por la corrupción en sus negocios y que si quiere aprovechar su dinero para hacer política, que lo invierta en las corrientes dialogantes de la comunidad cubana de Miami; en caso contrario, no conseguirá ningún éxito, se lo aseguro". Ninoska Pérez, autora del libro Un hombre y su tiempo (biografía de Jorge Más Canosa, el desaparecido líder del sector más duro de la oposición a Fidel Castro) y portavoz de la Fundación Nacional Cubano-Americana, (organización acusada por la justicia norteamericana de la colocación de bombas en hoteles de capital español en La Habana), también accedía a los requerimientos de esta revista: "Leopoldo Fernández Pujals es un antiguo colaborador de la Fundación y un amigo personal de Jorge Más, sucesor de su padre, democráticamente elegido en la presidencia de la Fundación. Entre sus varias colaboraciones económicas, consta su contribución para los costos de la querella por genocidio contra Castro, presentada ante la Audiencia Nacional de Madrid. Que ahora Fernández Pujals quiera invertir para derrocar a Castro, resulta un ejemplo para los empresarios españoles que invierten en la isla para beneficiar al dictador".


Pero otra fuente de Miami, una de las más importantes de la oposición política a Castro y que por esa razón prefirió el anonimato, fue tajante: "Si ese señor vende su parte en Tele Pizza, que quede claro que la decisión se toma a muchos kilómetros de Madrid, al otro lado del Atlántico".
Preguntado si se refería a la CIA, la voz respondió sin rechistar: "Efectivamente, acaba de acertar al cien por cien". Luego añadió: "Ese señor pertenece al sector de la confrontación y con parte de su dinero tal vez se abran oficinas en Europa, y yo lo sé. Y respecto a la Unión Liberal, de Carlos Alberto Montaner, eso no es más que otro instrumento de la CIA".


ARTÍCULO 20 trató de entrevistar a Leopoldo Fernández Pujals pero, como resulta evidente, no lo consiguió.
25 DE OCTUBRE DE 1999 ARTICULO 20

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