De pronto, la efervescencia sindical
volvió a la Argentina. Pararon los telefónicos, pararon los subtes, también
los docentes bonaerenses y universitarios. Los obreros de las automotrices
pusieron en jaque las exportaciones del sector, y los empleados de las
distribuidoras de gas también presentaron sus reclamos.
Y este miércoles, los hospitales Garraham, Posadas y Francés, volverán a
parar en reclamo de un aumento de 600 pesos, en concepto de adelanto hasta
llegar a los 1800 pesos que cuesta la canasta familiar básica.
Ocurre además algo aún más novedoso: los trabajadores ganan los
conflictos después de más de una década en la que sólo habían obtenido
retrocesos.
Claudio
Marín, secretario adjunto de los telefónicos de Capital, Roberto Pianelli
del Cuerpo de Delegados de Subterráneos y Gustavo Lerner de la Comisión
Interna del Garraham, encabezaron las protestas más ruidosas de los últimos
meses. Los tres se formaron en el trotkismo y participaron de esa masiva
experiencia que fue el Movimiento al Socialismo (MAS), en los 80. También
protagonizaron su implosión. Dos de ellos abdicaron de la militancia
partidaria, Lerner en cambio insiste en el Partido Socialista
Revolucionario. Reunidos por la
vaca, analizan el escenario gremial, las nuevas y viejas formas
de organización y las contradicciones y dilemas que surgen de las diversas
experiencias.
-¿Hay
un nuevo sindicalismo? ¿Por qué volvieron los conflictos llamados ofensivos,
después de tanto tiempo de estar a la defensiva?
CM (telefónicos) : No sé
si son conflictos ofensivos. En realidad estamos recuperando terreno
perdido, que fue mucho. Para ofensivo faltará un poco más. Lo que pasa ahora
es que cuando luchás, ganás; mientras que antes se perdía. Antes peleabas
para conservar la fuente de laburo, para que no se siguiera degradando el
trabajo. Nadie salía a pelear salario. Lo novedoso es que se puede pelear
y se gana.
-¿Y
por qué ahora se gana?
CM (telefónicos) : Creo que hay un escenario distinto, hay algún tipo
de recuperación económica, y esto posibilita que la gente se sienta también
más segura. No hay tantos despidos a mansalva como había hace un tiempo.
Esto te da la posibilidad de tener una situación más a la ofensiva. Yo
calculo que somos un emergente. Hay una cosa curiosa. Hace un año y medio
hicimos una pelea salarial donde logramos un aumento superior a éste: un 40
y pico por ciento. Pero nadie nos dio bola. Lo que está cambiando es la
sensación de que se puede ganar, y de que es necesario organizarse y pelear.
Me parece que hay una revalorización de lo colectivo. No de los
sindicatos, pero sí de la organización gremial, por eso me parece que somos
bien vistos por la opinión pública.
-¿Cuál
sería la diferencia?
CM (telefónicos) : Si vos le preguntas a la gente por los dirigentes
sindicales te dicen que son todos chorros.
GL (Garraham) : Este es el triunfo de sectores que están por fuera de
los dirigentes tradicionales. Es un proceso que empezó para mí, con la caída
de De la Rúa. Lo que hay ahora es una percepción de que se puede pelear
con una metodología diferente, y con unos dirigentes distintos.
-¿Cómo
es esa metodología?
GL (Garraham) : Hacer lo que dice la asamblea. Así de sencillo, el
abecé de lo que hacían los anarquistas de principio de siglo.
-¿Antes
cómo era?
GL (Garraham) : Decidía la cúpula sindical, y no había asamblea que
pudiera torcerle el brazo.
CM (telefónicos) : Nosotros tenemos 170 edificios donde trabajan
compañeros. Pero funcionamos con un plenario de delegados que va con una
propuesta a la asamblea de cada edificio. Al plenario de delegados vuelve la
respuesta y sale un despacho que va a la asamblea general. La asamblea
general es la que decide. Esto es lo que nos permite tener masividad en los
paros. La gente se siente participando. No todo el mundo está de acuerdo,
siempre hay bemoles, hay diferencias, hay disidencias. También es cierto que
como uno va acompañando todo el proceso de discusión y de elaboración de las
propuestas, las diferencias son muy menores. Pero las asambleas son de 3.000
personas. Esto nos da un marco donde la gente siente que participar tiene
sentido. El problema que sucedió en la década del 90, fue que los
dirigentes habían dejado de ser una polea de transmisión de los mandatos
entre las empresas y los laburantes, y pasaron a ser directamente
empresarios. Los tipos pasaron a ser dueños. Tienen ferrocarriles
enteros, compañías navieras, microemprendimientos. Ahora responden a los
intereses de tal o cual sector de la patronal. No tienen independencia de
clase.
-Mencionan asambleas de 3.000 trabajadores. ¿Aumentó la conciencia política?
CM (telefónicos) : Ni
siquiera hay una conciencia política. No es que se dice: “Yo tengo tal o
cual ideología”. Dicen: “A mí me conviene ir a la asamblea porque yo quiero
aprobar esta propuesta salarial”. Y por eso participa. Después, lo demás
le chupa un huevo. Lo digo para ser realistas. Hay 300, 400 compañeros que
tienen una visión más de la organización. Pero todos entienden que así crean
un poder frente a la empresa, que implica que no los van a echar, que no los
van a forrear, que les van a dar el aumento, que van a mejorar las
condiciones de trabajo. Las empresas se están dando cuenta, y entonces ellas
también empiezan a hacer asambleas. En Parque Norte, Telefónica reunió a
3.500 personas para explicarles cuáles son los planes de acá a cinco años.
No son boludos. Intentan construir un contrapoder con métodos que no son los
empresarios.
GL (Garraham) : Nosotros no somos el sindicato, somos una comisión
interna. Pero en nuestro hospital hay cuatro sindicatos. ¿Por qué los
trabajadores creen en nosotros? Porque somos laburantes. De los otros,
no labura nadie. Porque de nosotros, ninguno hizo entrar a sus familiares.
Jamás firmamos nada que no fuera refrendado en asamblea. Recorremos todos
los sectores mañana, tarde y noche. La gente te ve, sos uno más. Cuando
empecé a discutir, hace ocho años, me decían: “Vos sos un delincuente igual
que esos”. Y fuimos dando vuelta la pelea. Nuestros compañeros puteaban
contra los cortes de puentes, pero cuando vieron que estos tipos que ganan
150 pesos, que no tienen laburo, venían a apoyarnos para que ganemos 1.500
mangos, empezaron a decir: “Tenemos que hacer algo por esta gente para que
tengan laburo”.
-¿Ninguno de ustedes hace ingresar a parientes desocupados a las empresas?
CM (telefónicos) : El viejo convenio de Entel tenía la bolsa de trabajo,
que le daba al sindicato la posibilidad de meter el 50% de los ingresos que
tenía Entel. Se anotaban en la bolsa e ingresaban los parientes. Era la gran
familia telefónica. Privatización y retiros voluntarios mediante, no
quedaron parientes de nadie. Hoy recuperamos la bolsa de trabajo, el 30% de
los que ingresan lo pone el sindicato. Pero nunca te alcanza, por la demanda
insatisfecha de diez años mínimo. Todo el mundo manda los currículums del
grupo familiar, y va a sorteo. De esa forma ingresamos cien. Lo curioso fue
que la gente dijo: “Sí, pero el sindicato tiene que tener un plus para lo
social, por ejemplo para el hijo del tipo que muere en un accidente laboral…
GL (Garraham) : Nosotros pusimos ahora una bolsa de trabajo. ¿Qué nos
decían los compañeros? Ustedes son puros y castos, pero todos los que están
entrando son de los otros.
Dijimos: vamos a seguir siendo puros y castos. Vamos a hacer una bolsa de
trabajo y vamos a pelear y vamos a hacerlo más democrático. O por sorteo, o
por quien tenga un ingreso familiar menor, madre soltera, ponemos una serie
de ítems.
RP (subtes) : A nosotros nos generó una discusión: hicimos una
pelea gigantesca por las 6 horas de trabajo, la ganamos y la gente que entró
por las 500 vacantes que se generaron pertenece a la burocracia de la UTA
(Unión Tranviarios Automotor) –que no participó del conflicto- o a los
gerentes. Mientras que familiares nuestros o de organizaciones de
desocupados que habían actuado con nosotros no pudieron meter ni a uno.
Entonces se abrió todo un debate, ahora queremos recuperar la bolsa de
trabajo, pero aplicarla de manera democrática.
-Ya
van varias menciones a movimientos de desocupados, ¿cuál es la relación que
tiene la militancia gremial con ellos?
RP (subtes) : Nosotros hablábamos de la necesidad de actuar en común,
trabajadores ocupados y desocupados. En nuestro caso en particular, se
planteaba algo concreto: la reducción de la jornada laboral. Hicimos toda
una campaña donde pedíamos: más salud para los trabajadores, más seguridad
para el usuario, más puestos de trabajo para los desocupados. Les
decíamos: si ustedes están en búsqueda de trabajo genuino, el lugar donde se
puede dar esa pelea es en el subte. A partir de ahí se creó un lazo, una
relación que al principio fue dramática. Ya se había acabado la época de
piquetes y cacerolas.
-¿Hubo
resistencia de los trabajadores del subte a convocar a piqueteros?
RP (subtes) : Hicimos una jornada donde participaron la FTC, el Polo
Obrero, el Teresa Vive, el MTR, todas las organizaciones de desocupados que
participaron haciendo un bloqueo, volanteando en las bocas del subte.
Algunos compañeros preguntaban por qué venían, qué es lo que quieren. Y
otros con reticencias: “Son los que me cortan el camino y yo llego tarde al
laburo”. Entones hicimos asambleas con ellos. Eso logró que se empezara a
revertir la situación de demonización, sumado a que las organizaciones de
desocupados vinieron a solidarizarse cuando tuvimos conflictos largos.
GL (Garraham) : Siendo delegados, tratamos de vincularnos a todos
esos procesos de lucha. Y en la medida en que nos involucramos, después nos
vienen a apoyar. Pero nosotros nunca hemos podido sacar al conjunto de
nuestros compañeros para ir a apoyar a los piqueteros. Eso se empieza a
emparejar ahora, sin que haya terminado de cerrar la vuelta, en este
conflicto que fue muy masivo, y que tuvimos que enfrentar a todo el mundo.
Los compañeros vieron que los únicos que estaban de nuestro lado eran las
organizaciones sociales. Eso pegó mucho. Hoy, sin decir que está
totalmente dirimida la situación, hay un avance muy importante. Aparte, los
desocupados son nuestros pacientes, son los que vienen al hospital público.
A muchos compañeros les dio vuelta la cabeza el conflicto. Porque durante
las 24 horas había compañeros del movimiento de desocupados haciendo el
aguante. Eso tiene su valor.
-Hasta
hace muy poco ningún trabajador paraba por temor a perder su empleo. ¿Se
perdió el miedo?
CM (telefónicos) : Hay
una percepción de que la plata está.
-Entonces, estamos mejor: vote Kirchner.
CM (telefónicos) : Hay billetes. Y todo el mundo lo ve. Los niveles
gerenciales, subgerenciales, cuadros de empresas medias, han recibido buena
plata. Esto empuja para arriba. Como se ve una reactivación hay menos
despidos, entonces se ve la posibilidad de ganar. Antes no se veía. ¿Qué
tenías? Cierre acá, cierre allá, despidos de mil, de dos mil. Era agarrarte
el culo, a ver cómo la paramos. Hoy la percepción es otra. Y en esa
percepción está la clave. A eso le daría una vuelta de tuerca: tenemos el
tema democrático, participativo. Hacemos lo que la gente quiere y reclama
de nosotros. No tomamos de la gente lo que nosotros queremos que la gente
quiera. Es importante no construir entelequias donde no las hay. Porque
yo, por mí, quiero otra cosa...
-¿Qué?
CM (telefónicos) : Una sociedad distinta, socialista. Yo quiero tomar el
poder y terminar con este sistema de explotación. Ahora, la gente no
quiere eso. Y yo lo tengo que tener muy clarito.
-Es la
renuncia a la idea de “vanguardia”.
CM (telefónicos) : Hay que tener una política para la gente, no para
la vanguardia. La gente no piensa como pienso yo. Y si yo eso lo pierdo
de vista hago cagadas. Como hicimos en algún momento. Hay un aprendizaje.
¿Es más importante decir que el gobierno es bueno o malo, o que la gente se
organice para pelear por lo suyo y se movilice y pelee? Hoy la gente tiene
acuerdos mínimos y masivos. Y esos hay que respetárselos, porque donde uno
quiere imponer lo de uno, empiezan los problemas las fracturas. Es una
barbaridad que nosotros tengamos cada vez más fracturas en el campo popular.
La cantidad de movimientos piqueteros, de desocupados, y no hablemos de la
izquierda partidaria…
GL (Garraham) : Nosotros hacemos lo que quiere la gente. El
problema es que la gente también quiere vivir mejor, y en este sistema no se
puede vivir mejor. Entonces la cuestión es: ¿cuál es la política que uno
se va dando para seguir? Porque no alcanza con que yo tenga un salario de
1.700 mangos mientras el tipo desocupado gana 150 pesos. Nadie puede vivir
mejor mientras siga existiendo eso.
El problema es cuando te quieren decir lo que tenés que hacer. Lo que tenés
que hacer lo decide la asamblea. Pero para mí justamente, la gente quiere
vivir mejor, y en la medida que haya más luchas como la de telefónicos, como
la del subte, como la nuestra, y esto se extienda, todo eso va a ser mucho
más fácil. Por ejemplo, el paro de subtes por lo de LAFSA para mí es
histórico. No son marcianos los compañeros…
-¿Cómo
se logra que un gremio pare en solidaridad con otro de una manera tan
activa?
RP (subtes) : Hubo un debate muy, muy grande. Es parte de un balance que
todavía estamos haciendo. Para algunos fuimos muy apresurados en la forma
elegida. Hubo mucho de impulso de un sector de vanguardia que dijo “como
ellos estuvieron con nosotros, nosotros tenemos que estar con ellos”.
Empezamos a debatir a fondo hasta dónde vamos y hasta dónde no vamos. Porque
no podés hacer en cada conflicto un paro de media hora. Lo que sí, no hay
compañeros que digan que estuvo mal. El problema es cómo dosificar esa
fuerza que uno puede tener para solidarizarse. Hubo una autocrítica,
veníamos de mucha efervescencia. Es importante saber ubicarse, respetar
el contrato que uno tiene con los compañeros, con la base, porque si no
aparece el riesgo del vanguardismo. O un riesgo peor, el de las micro sectas
que transforman un organismo de frente único de los trabajadores, de
representatividad colectiva, en un campo de batalla para ver quién tiene
razón. Nosotros reivindicamos la política de actuar en un frente único,
inclusive con grandes diferencias. Priorizamos los pequeños acuerdos sobre
las diferencias.
-Cuando fue el paro telefónico los medios dijeron que iban a colapsar las
comunicaciones, a los huelguistas del Garraham los responsabilizaron de la
muerte de un niño, a los del subte le echan en cara que otros trabajadores
pierden el presentismo por su culpa y, a pesar de todo eso, da la sensación
de que no se logró poner a la opinión pública en contra...
GL (Garraham) : Si
hubiéramos tenido la opinión pública en contra, el gobierno nos habría
matado. No lograron, ni en el caso del subte ni en el nuestro, demonizar a
un sector de trabajadores que pide vivir mejor. Todos se vieron reflejados,
porque todos quieren ganar más.
RP (subtes) : Siempre cuento esta anécdota. Llaman a una radio y
dicen: “A esos delegados del subte hay que matarlos, laburan seis horas…,
a nosotros hace diez años que no nos aumentan el sueldo”. Cuando corta llama
otro y le contesta: “La señora tiene razón, a los delegados hay que
matarlos. A los de ella, porque hace diez años que no les aumentan…”
-Hay
todo un discurso que señala que la confrontación con el gobierno de Kirchner
favorece a la derecha y ustedes toman medidas de fuerzas que, para muchos,
son virulentas. ¿Sienten que pueden ser funcionales a la derecha?
CM (telefónicos) : Los que dicen eso es porque tienen algún rollo
político. La gente en la calle no dice: “No hay que pedir aumento”. Pero
no se puede hacer tortilla sin cascar los huevos. Si le hago el juego, me
chupa un huevo. Lo importante es que vas por el aumento salarial. Esto
es lo que te da fortaleza. Ahora, es verdad que si nosotros llegamos a decir
en el plenario de delegados, que vamos contra el gobierno de Kirchner, se
nos parte en cuatro. Porque hay gente que está a favor. Ese es nuestro
límite, no podemos avanzar sobre eso. En el gran frente que formamos hay
compañeros que son kirchneristas, y compañeros que no. Ahora, ¿dónde ponemos
el mínimo común denominador? Si no hubiésemos largado la pelea salarial,
si hubiéramos priorizado una posición en relación con el gobierno, no
habríamos hecho nada. Me parece que hay que tener siempre presente donde
dónde ponemos el eje.
GL (Garraham) : La consigna que nosotros planteamos es: “No hay que
pagar la deuda, para poder aumentar los salarios”. Lo cantan todos nuestros
compañeros. También hicimos campaña contra los yanquis en Irak. Nosotros
decimos: con la guita que manda Argentina para pagar la deuda están
financiando los misiles que tiran en Irak. ¿Por qué hoy, con tanto
conflicto, no hay un paro general? Porque Moyano y De Gennaro están con el
gobierno. Entonces no es secundario el problema del gobierno.
RP (subtes) : En una cena de amigos, me preguntan: ¿Hubieran podido
conseguir las seis horas y el aumento salarial con otro gobierno? Intenté
explicarle que el de Kirchner es un gobierno débil debido a la crisis del 19
y 20 y por eso…ta, ta, tá. Terminé de hablar y me preguntaron lo mismo. ¿Qué
ven? Que recibieron 450 mangos, y eso fue gracias al Poder Ejecutivo. A
algunos no se lo pagan, pero sienten que no se lo paga la patronal y que el
gobierno se lo está dando. Es más, entre nosotros, que somos los que
hemos dado pelea, la sensación de los compañeros en muchos casos es: “Este
gobierno acepta estas reglas de juego. El otro te cagaba a palos.” Para
mí lo importante es eso: que la gente sienta y entienda que lo que consiguió
no es una concesión alegre del gobierno de Kirchner. Lo consiguió
peleando, a través de la acción directa, a través del paro, de la toma de su
lugar de trabajo. Yo coincido con que este gobierno vino para pagar la
deuda externa, para estar al servicio de las multinacionales, sobre todo las
petroleras. Pero tengo que decir que si hubiera elecciones, si pongo una
urna en el subte, seguramente la primera minoría va a ser el kirchnerismo.
Después viene la izquierda
-¿Está
cambiando el modelo sindical?
CM (telefónicos) : Obviamente. Se pasa a acumular de otra manera. Y esa
forma genera otro tipo de relación con la gente. Ahora, la CGT de todas
formas se va a llevar un buen pedazo. Va a salir y en algún momento va a
plantear la huelga general. No es que se va a quedar mirando cómo surgen los
nuevos dirigentes que se comen todo. Si no, estamos subestimando la
capacidad de adaptación que tiene. Y no nos tenemos que desanimar por
eso. Hay que seguir haciendo las cosas bien, va a haber listas
antiburocráticas. Y también debemos aceptar que cometemos errores, y las
cosas no se solucionan de un día para otro.
-¿Qué
errores cometen?
CM (telefónicos) : Poner el carro delante del caballo. A veces
pensamos que la gente piensa como piensa uno.
RP (subtes) : A mi no me votaron por ser trotskista, me votaron a
pesar de ser trotskista. Me votaron porque dicen: “Es trotskista, qué vamos
a hacer, pero es un buen muchacho. Es honesto, no chorea, va al frente.”
CM (telefónicos) : El problema de los aparatos partidarios es que van
por delante de las necesidades de la gente. Eso pasa cuando el aparato va y
te impone necesidades que no tienen que ver con lo que está pasando en el
lugar.
-Hay
una cantidad de delegados que se asumen como trotskistas. ¿Es mera
casualidad?
GL (Garraham) : Es la acumulación de lo que fue el morenismo (referencia
a Nahuel Moreno, fallecido en 1987, dirigente del Partido Socialista de los
Trabajadores y fundador del Movimiento al Socialismo). Todos venimos de ahí
y de la experiencia de lo que fue el MAS en los 80.
-¿Entre todos estos nuevos dirigentes se creó algún espacio de trabajo
conjunto?
CM (telefónicos) : Hicimos un plenario en Filosofía y Letras, en abril,
pero fue un papelón. Nos juntamos 400 compañeros, pero a la mesa central
tenían que subir 40. Es una falta de respeto, no podemos ponernos de acuerdo
como para que suban dos tipos y digamos dos cosas en las que estamos todos
de acuerdo.
-¿Y
por qué pasa eso?
CM (telefónicos) : Se prioriza el individualismo sobre las cuestiones de
conjunto, a mi gusto. El aparato tiene una lógica propia. |