“el acoso se ha hecho necesario porque, en la
mayor parte del mundo civilizado, las antiguas fórmulas de dominio ya no
sirven, y el poder ha de ocultarse para seguir ejerciéndose."
LA NUEVA EPIDEMIA DEL SIGLO XXI: EL ACOSO
Javier José Matamala Gárcía
5 octubre 2003
|
Macu Álvarez.
Profesora de Modelos de Medios de Comunicación de la U.P.V./EHU
http://www.elcorreodigital.com/
28.11.2002
Sería necesario saber cómo se explica la aparición, profusión o destape del
'mobbing' en este presente histórico. Qué pasa con el lado social de los
seres humanos. ¿Tendrá algo que ver el momento de transición que se puede
observar a otros niveles de interacción social? ¿Cómo es posible que vayamos
eliminando sujetos activos y diferenciados, claramente diferentes? ¿Por qué?
¿Cuál será el siguiente paso? ¿Se han parado a pensar en el acoso
psicológico laboral, en el acoso moral, en el también denominado psicoterror
laboral?
Me asombra la rapidez de los inspectores de trabajo y los jueces en aceptar
el concepto. Y sólo encuentro un argumento como respuesta: porque lo ven
como un fenómeno claro y peligroso. Son dos profesiones más bien integradas,
¿no? Sin embargo, me cuesta creer la lentitud del análisis en los médicos,
psicólogos, psiquiatras, sindicalistas, políticos, sociólogos, ciudadanos,
trabajadores, empresarios, gestores de lo público, amigos, familiares..., en
comprender.
Aunque sólo sea por el coste económico que está ocasionando a la sociedad;
y, aunque sea, por los beneficios que reporta a empleadores que usan o
permiten el acoso como una estrategia de eliminación de puestos de trabajo,
y no sólo de trabajadores señalados y estigmatizados.
También me admira la brillantez de los expertos repentinos que he visto en
las jornadas a las que he asistido, de forma profusa, (UPV, Bilbao, Sevilla,
Madrid, Santiago de Compostela). He encontrado expertos en lamentaciones:
todos aquellos que dicen no poder hacer nada, no implicarse. Ejemplo: los
médicos de cabecera.
A pesar de que el paciente, superando la vergüenza infinita, le confiesa que
tiene problemas en el trabajo, de relación profesional, y que no puede
dormir, que llora sin control, que incluso, a veces, piensa que se ha vuelto
paranoico y obsesivo... Y que no sabe ¡¡¡por qué!!! El médico de cabecera o
médico de familia otorgará la baja con el diagnostico 'depresión', sin, por
supuesto, relacionarlo con el ambiente laboral. ¿Por qué no lo incluyen en
su 'vademécum'?
He encontrado expertos teóricos-científicos-académicos que, contagiados del
envoltorio que proporciona el diseño, y celosos del desarrollo de la
ingeniería, recetaban, contra el 'mobbing', trabajo en grupo con música.
Parece que se necesita una reflexión multidisclipinar que implique a todos
los sectores sociales que necesitan conocer, entender y actúar para combatir
el 'mobbing'. Al único experto que conozco con capacidad y conocimientos
para dirigir una reflexión multidisciplinar le sobrepasa el trabajo. Es
Iñaki Piñuel y Zabala, profesor de Organización y Recursos Humanos en la
Universidad de Alcalá, autor del libro 'Mobbing: cómo sobrevivir al
psicoterror laboral' (Sal Terrae, 2001), y director de los estudios Cisneros
que describen la alta incidencia del acoso laboral en nuestra sociedad.
Contar en el equipo multidisclipinar con Hirigoyen, la psiquiatra, autora de
'El acoso moral. El maltrato psicológico en la vida cotidiana', (Paidós,
1999), donde nos advierte de que el acoso psicológico también se da en la
pareja, en la familia, sería un lujo. Y si se les uniera García de Rivera,
M. José Blanco, Molina Navarrete, Lidia y muchos otros, se podría ayudar a
las víctimas del 'mobbing'. Ví! ctimas que, es curioso, aun estando
machacadas psicológicamente -pero machacadas-, sin defensas, han sabido
preocuparse por sobrevivir, agruparse, razonar, escuchar, intentar
comprender..., luchar. Porque no se resignan con su papel de víctimas.
Porque intuyen que son opciones de vida, de filosofía, de ética personal y
social. Y que tienen algo que ver con conceptos como valores, principios,
actitudes. Con, y sé que es resbaladizo, dignidad.
En un año, más o menos por ahora, se produjo el 'boom' de la información en
castellano sobre acoso psicológico o moral como le gusta a Hirigoyen (porque
incluye la noción de lo que es peligroso para el ser humano, como humano y
como ser). A partir de ahí se ha conseguido divulgar el acoso en el trabajo,
aunque los medios de comunicación de masas, incluso los escritos, siguen
miopes a la hora de analizarlo e informar, y continúan empeñados en pedir
'historias personales'. No parecen sentir curiosidad por el fenómeno, sólo
les interesa 'llenar' con lo tópico. Tristeza. Porque son fundamentales, y
porque el acoso también se da en la empresa informativa. E informar no es
sinónimo de trivializar, sino de comprender, profundizar, contrastar y
transmitir. Se les ofrece, desde las asociaciones anti acoso, la posibilidad
de hablar, de leer sobre el tema; pero, si no consiguen la historia, el
testimonio en directo, se repliegan.
Los sindicatos, cuando se encuentran con el problema en sus afiliados, hacen
cruces; todos. Reaccionan como los políticos, aunque, afortunadamente, son
menos disciplinados. Y se atienden, aunque a duras penas, casos individuales
de trabajadores, que sirven de denuncia. Y es que, en realidad, reaccionan
como el resto de la sociedad cercana a las víctimas, a quienes les cuesta
creer que haya 'malas personas'. No ya personas cuya coctelera les muestre
como ambiciosas, trepas, egoístas, insolidarias, sino que sean malas
personas. Que disfruten haciendo daño, perversos cazadores de personas de
naturaleza confiada.
Son los y las acosadores-acosadoras. Hirigoyen define el gremio con un
perfil psicológico claro, rotundo, y que asusta: el del psicópata asesino en
serie. Quien, además, se rodea de un grupo que babea ambición, egoísmo e
insolidaridad porque callan, azuzan, se benefician y colaboran
conscientemente. Y no sucede nada. Se asumen vagos compromisos en un entorno
político que suena a declaración de principios virtual, dentro de lo
políticamente correcto. Y con contradicciones tan claras como que el mismo
partido que lidera el compromiso en una comunidad torpedea a nivel estatal
iniciativas parlamentarias que presionan para fijar la atención en el acoso
psicológico laboral, en el acoso moral.
Y nada más. No hay coordinación. Se sigue discutiendo sobre si hay
suficiente legislación como para afrontar el 'mobbing' o si es necesario
definir el problema legalmente y otorgarle un rango especifico, como con el
acoso sexual. Si es mejor que los funcionarios vayan por lo
contencioso-administrativo o tiren por el Código Penal.
Cataluña ha decidido que tres inspectores de trabajo se especialicen en
'mobbing'. Y se agradece la atención dada al problema. Sin embargo, si se
fijan en las cifras de afectados, se darán cuenta de que tres inspectores
son totalmente insuficientes. Y eso que es la única autonomía que ha
decidido actuar con recursos concretos.
El fenómeno cuenta con historia, legislación y lucha de varios años en
países concienciados y sensibles -en ese aspecto-, como Suecia. ¿Por qué nos
cuesta tanto entenderlo aquí? La Unión Europea lleva años alertando y
recomendando a los países miembros que elaboren un libro blanco, que
estudien el 'mobbing'; pero como sólo recomienda...
Mientras tanto, ¿qué se puede hacer?. Denunciarlo y apoyar a las personas
cercanas, simplemente escuchándolas con paciencia. Esas personas que se
lamentan por el trabajo con el que parecían disfrutar un día. Las que están
obsesivas y obsesionadas porque no entienden cómo y por qué se han
convertido en 'blanco de las hostias'. Puede que ya estén somatizando
dolores, diagnósticos; o que piensen en abandonar, en irse de su lugar de
trabajo. Reconocerá a esas personas por un caer en la cuenta de que, además,
han perdido la carcajada y la sonrisa.
Esas personas, que ya son casi dos millones en España, necesitan que se
reflexione sobre el qué, cómo, cuándo, dónde, quiénes, para qué y por qué
del 'mobbing', desde un punto de vista multidisciplinar. Porque, quizás, así
podamos entender muchas más cosas que ahora, en este presente histórico,
necesitamos asimilar y decidir.
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