Pedro Prieto
Rebelión
7 de enero del 2004
Compruebo con
estupefacción cómo el discurso general de la izquierda sobre la actuación
estadounidense en la invasión de Irak se dedica a contar árboles, sabiendo
que lo que están arrasando es el bosque completo.
Algunos se animan diciendo que están perdiendo la guerra, porque caen
soldados yanquis y se derriban helicópteros. Otros hacen cálculos
económicos de lo que les está costando y dicen que eso les hundirá.
Primero, creo que se equivocan en ese análisis y en segundo lugar, me temo
que desvían la atención de la gente sobre el verdadero problema que aflige
a los iraquíes y puede afligir al mundo en general.
Veamos primero de qué bosque se trata. Todo el mundo, en general y la
izquierda mejor que nadie y en particular, sabe que los EE.UU. invadieron
Irak por el petróleo. Pero lo que los EE.UU. ( y Europa) ha conseguido que
permanezca en el mayor de los secretos y fuera de todo debate, es la
extrema e imperiosa necesidad que tienen de ese petróleo y lo escaso que
va a estar en todo el mundo de forma inminente.
Efectivamente, los EE.UU., después de haber sido la mayor potencia mundial
petrolífera durante alguna década, en producción y consumo, alcanzó su
cenit de producción en 1970 y está en un declive terminal de la misma, que
ni las más poderosas finanzas, ni toda la tecnología del mundo a su
disposición han podido evitar.
En apenas cinco o diez años más, los EE.UU. pasarán de importar el 65%
del petróleo que consumen actualmente, a tener que importar la práctica
totalidad, puesto que para ese entonces, apenas quedarán los posos de
los pozos de Alaska y poco más. Los EE.UU. consumen en la actualidad el 25
% del petróleo mundial.
Como además resulta que la producción mundial va a llegar (si no ha
llegado ya) a su cenit máximo de producción precisamente en los próximos
cinco o diez años, digamos que el gigantesco problema que se presenta
es que entre el año 2005 y el 2015 va a empezar a existir menos
petróleo cada año que el año anterior y eso de forma inexorable y a un
ritmo que puede oscilar entre el 3% y el 6% menos cada año.
Así pues, los EE.UU.(y Europa) saben varias cosas, que no nos quieren
anticipar; a saber:
Que no hay sustituto energético para el petróleo en todo el planeta,
porque el petróleo representa el 40% del consumo mundial de energía y la
mayor parte de la infraestructura mundial está preparada para consumir
petróleo y no otros combustibles.
Que no da tiempo, en el tiempo de que se dispone, a preparar un cambio
de las estructuras económicas y de los modelos sociales de producción y de
vida, para adaptarse a consumir entre un 3 y un 6% menos
cada año y durante muchos años sin parar, hasta llegar, dentro de tres o
cuatro décadas, a disponer de un nivel de vida con un 30% de energía de
la que actualmente disponemos; que ningún país, ni ningún dirigente
se atrevería a preparar a su propio pueblo para pasar de este cáliz,
de la forma menos traumática posible; que cuando la energía disminuye (lo
saben bien los ancianos) las fuerzas para hacer cambios todavía menguan
más y los hacen exponencialmente más difíciles.
Que sus principales y verdaderos competidores ( y por tanto,
enemigos) por los recursos vitales ajenos, no son ni Irak, ni Arabia
Saudita, ni Kuwait, Irán, Indonesia o Venezuela. No. Estos son vistos sólo
como vacas lecheras del maquinismo mundial, no como competidores.
Saben perfectamente, como lo saben sus competidores, que son, por
este orden:
La Unión Europea,
que consume el 23% del petróleo mundial y también está importando más de
la mitad de lo que consume y en los próximos cinco o diez años, tendrá
los mismos posos en sus únicas reservas significativas, los pozos del Mar
del Norte que los EE.UU. en Alaska. Europa dispone de armas nucleares y
una tecnología para preocupar a los EE.UU.
China, que aunque
sólo consume el 7% del petróleo mundial, ya produce (el 4,8% del petróleo
mundial) menos de lo que consume y aunque tiene reservas propias para 15
años de la producción actual y para diez años, si tuviesen que vivir sólo
de ellas, pretende seguir creciendo económicamente (y por tanto,
energéticamente) entre un 5 y un 8% acumulativo cada año. China tiene
el 20% de la población mundial, también tiene armas nucleares y en diez
años va a necesitar un 10% del petróleo mundial y será casi todo ajeno.
Japón tiene el
mismo consumo de petróleo que China (un 7% del mundial), aunque solo posee
el 2% de la población del planeta. Pero sucede que tiene que importar todo
ese petróleo, porque no posee nada. Japón no tiene armas nucleares, pero
tiene los tres vectores necesarios para disponer de cientos de bombas
nucleares en un año.
India y Pakistán,
son dos colosos con pies petrolíferos de barro. No es que consuman mucho,
porque entre ambos consumen el 3,5% del petróleo mundial, pero es que
producen aún menos, apenas el 1% -casi todo en la India- y los hindúes
apenas tendrían reservas para 19 años de producción propia y para un
lustro de todo lo que consumen. Lo poco que necesitan, lo necesitan
mucho y ambos tienen algunas armas nucleares y una base de población
explosiva, de unos 1.200 millones de habitantes. Sin embargo, su gran base
de población que vive al margen del mundo industrial, sufrirá posiblemente
menos una escasez grave y continuada de petróleo.
Rusia, solo
consume el 3,5% del petróleo mundial, produce unas tres veces más de lo
que consume (10,7% del total mundial) y tiene reservas para unos 20 años,
al nivel de producción actual. Ahora exporta los dos tercios de su
producción a Occidente, para pagar deudas contraídas tan veloz como
misteriosamente, pero puede dejar de pagarlas, si necesitase su propio
petróleo. No es de los países que estén más urgidos por la inminente
escasez de petróleo mundial. Dispone de un poderoso ejército y muchas
armas nucleares, pero los EE.UU. saben que no tiene excesivas urgencias.
Por eso se coloca en el quinto lugar de las preocupaciones
estadounidenses.
Vistos los competidores y verdaderos enemigos potenciales y la escasez de
petróleo, se entiende perfectamente lo que está en juego en la próxima
década.
Hay que verlo así: Irak posee 120.000 millones de barriles de reservas
probadas. Es el 12% de lo que queda en el mundo y está entre el 50%
del petróleo que queda de más fácil y menos costosa extracción y de mejor
calidad, para que lo puedan digerir sin cambios y sin molestias o costos
adicionales las refinerías bajo control de los EE.UU. y de Europa. Es una
cantidad tremenda y sin embargo, es apenas el consumo de 6 años para
los EE.UU.
Pero es que Arabia
Saudita, el más gigantesco y colosal depósito del mundo, tiene
reservas para apenas 13 años de consumo actual estadounidense.
Por tanto, las disputas por el petróleo, causarán millones, cientos de
millones de muertos en las próximas dos décadas. Ese es el verdadero
bosque. Porque en cuanto la producción mundial de petróleo comience a
declinar un 6% cada año, en cualquier momento, alguien se va a ir quedando
sin el petróleo; esto es, sin la vida, que tenia, el año que deje de
recibirlo.
Y si alguien no quiere reducir su cuota nacional, en la misma proporción
en que caerá la producción mundial, las matemáticas más elementales
aseguran que se la tendrá que quitar a otro. Y si la caída promedio
mundial es del 6% y uno se la quita a otro, uno se podrá quedar igual,
pero el otro tiene que bajar un 12% en un solo año.
Esto es el bosque, el llanto y crujir de dientes de una sociedad
industrial que tiene estos datos en estadísticas públicas y esconde la
cabeza como un avestruz, en el capó de sus coches. O peor aún, un
mundo en el que los dirigentes de algunos países consumistas, habituados a
esquilmar recursos ajenos, se han dado cuenta de la situación, pero
prefieren ocultarla a sus ciudadanos, poniéndolos árboles y más árboles,
para que no puedan ver que estamos quemando el bosque, que lo estamos
arrasando.
El petróleo es la fuente de la vida moderna y mucha gente, incluyendo a
la gente mejor dotada de la izquierda, ignora hasta qué punto. Entre
cuatro y cinco de cada seis calorías de los alimentos que hoy ingerimos en
el planeta, provienen de utilizar el petróleo o sus derivados en
maquinaria agrícola, en pesticidas, en fertilizantes, en trasporte y
almacenamiento de alimentos, etc. etc.
Dejar a un país moderno sin energía, es dejarlo sin alimentos, como muy
bién saben en Corea del Norte y en Cuba. Pero es dejarlo también sin
transporte, sin material para las carreteras, sin aviación, sin barcos de
transporte de bienes, sin maquinaria para la construcción, sin minerales y
sin los derivados plásticos. Es dejarlo sin agua dulce que bombear, sin
sistemas de saneamiento, como bien saben los iraquíes. Es hacerlo
retroceder más atrás de la era preindustrial, porque las tierras ya están
agotadas y la población se ha multiplicado mientras tanto.
Esto los saben los EE.UU. y los gobiernos de los países que aquí se citan
como competidores de EE.UU. por ese recurso escaso.
Y claro, saben que de esta gran tragedia que se avecina, dependen las
vidas y el futuro de miles de millones de personas y de sus generaciones
venideras, aunque no sea el fin de la civilización. Este es el bosque que
no estamos viendo, porque unos gobiernos y otros nos van poniendo árboles
por delante.
¿Y cuales son los árboles? Pues contarnos que los cuatrocientos soldados
estadounidenses muertos en combate en Irak, le preocupan mucho a su
gobierno y que los golpes de la resistencia iraquí suponen batallas
perdidas del imperio en favor de las actuales víctimas. Con ello,
consiguen que la izquierda mundial se solace y se disipe en este aspecto
muy secundario del problema.
O que les preocupan las elecciones, cuando toda persona de juicio sabe que
EE.UU. es un plutocracia, y Europa una burocracia con ribetes de
plutocracia, en los que un hombre no es un voto, sino un dólar un voto y
ellos, los que ahora gobiernan, tienen todos los dólares y todos los
euros. No. No tienen miedo a las elecciones. En todo caso, tendrían
miedo a que se subvirtiese el proceso llamado electoral, que tienen
controlado. Y serían capaces de matar y de meternos en estados de
excepción para evitarlo. Sin duda y dirían que por nuestro bien.
La última guerra de Irak empezó en marzo de 2003 y al cerrar el año, los
contables bélicos suman cuatrocientos o quinientos soldados caídos, de los
que apenas doscientos o trescientos son producto del mantenimiento de la
ocupación. Unos ponen cara de estar preocupados por ellos y las izquierdas
del mundo se alegran de que los agresores y prepotentes invasores no se
vayan de rositas.
Pero ese coste humano de, pongamos 500 soldados al año, no inquieta al
poder ni lo más mínimo. Esos soldados son un solo árbol, escuálido y
alienado, de todo el bosque que estamos analizando.
Seamos sensatos y miremos al bosque. Lo que está en juego en el próximo
decenio son las vidas de cientos, miles de millones, no de una centésima
parte de lo que perdieron en Vietnam, sin que se llegaran a marchar por
esa razón. Con esa tasa de bajas, los EE.UU. tardarían cien años en llegar
a las bajas de Vietnam. Pensemos fríamente: ¿cómo no van a aguantar ese
coste humano de carne de cañón pobre, marginal y desarraigada? Aguantarían
eso y mucho más.
Los más conscientes comentan las miles de muertes de iraquíes, como si eso
fuese importante para los dirigentes estadounidenses. Si los iraquíes caen
en proporción de veinte a uno, respecto de los soldados estadounidenses,
pues son veinte árboles que siguen sin dejar de ver el bosque. Por hacerse
con el bosque, ellos, que se consideran los gestores exclusivos del
bosque, sacrificarían sin problemas todos los árboles que exijan los
cortafuegos y las vías de extracción de esa madera, que es el petróleo.
Otros hablan del coste económico insoportable. Otro árbol que sigue
impidiendo ver el bosque. Porque veamos: si el petróleo está a unos 30
dólares el barril y los EE.UU. se acaban de asegurar con la invasión de
Irak, los 120.000 millones de sus reservas, esto representa, en términos
puramente monetarios 3,6 billones de dólares (billones europeos, de 1012).
Algunos especialistas en ver árboles, dicen que el coste (dinerario) de la
guerra de Irak ya va por los 90.000 millones de dólares y para
impresionarnos, hacen contadores automáticos sobre como aumenta de forma
alarmante. Y contadores alternativos para ver cuantas escuelas se podrían
crear con ese dinero. Es otro falso debate. Primero, porque ni siquiera
poniendo ese astronómico coste, deja de ser un negocio rentable. A ese
coste, se puede hacer la guerra durante más de 30 años. Pero además,
porque no es una cuestión de dinero. Es que no tienen otra. El dinero se
puede imprimir, sobre todo cuando hay necesidad, como se sabe muy bien,
desde hace siglos. El petróleo, no.
Pero es que es incluso más dantesco. Los gobiernos estadounidense y
europeos saben que incluso si EE.UU. aceptase compartir con los otros
grandes consumistas, los europeos, el botín entero del petróleo del golfo
Pérsico, el resto de los países del mundo comenzarán a morir a tasas jamás
conocidas hasta ahora. Los occidentales aceptan y dan por asumido, con
la reserva moral de sus ONG's, que en el estado actual de cosas, que la
muerte de 40 millones de niños al año por hambre y unos 20 por
enfermedades fácilmente evitables, por falta de agua potable o vacunas
elementales, es aceptable.
Lo saben tan bien como saben que cuando el petróleo empiece a escasear,
las muertes se multiplicarán por diez, o por cien. Saben que pueden haber
empezado ya, a un ritmo exponencialmente creciente. Y saben que muchos
países, aunque pobres y desarmados, se resistirán a morir. Y aumentarán su
violencia contra los que sienten que les expolian y se niegan a repartir.
Por ello, en Occidente hacen una piña, aunque sepan que el petróleo les
terminará enfrenando a ellos, inevitablemente, y se preparan ahora para
enfrentar las mareas humanas que se les acercan. Y convencen
-fácilmente, todo hay que decirlo- a sus orondos ciudadanos de que se
trata de inmigración ilegal y de terrorismo islámico o
terrorismo internacional, que quiere destruir nuestros valores
y nuestro modelo de vida. Y cierran fronteras, fichan pasajeros,
militarizan sociedades. Más claro, agua. Esos árboles empiezan a dejar de
ver un bosque en llamas.
Y Occidente sabe muy bien (lo saben los EE.UU. por un lado y Francia y
Alemania por el otro: -ellos son Europa-), que incluso aunque ganasen esa
guerra, exterminando a todos los demás, incluso sin costes energéticos
adicionales, en dos décadas más, se tendrán que enfrentar entre sí, si es
que antes, alguno de los competidores de tercera fila, con
armamento nuclear generalizado, no dice también esta boca es mía.
Ese es el bosque y probablemente no haya nada que pueda evitar el triste
fin del mismo. Pero como incluso a los que van a morir se les concede el
privilegio de ir al paredón con una venda en los ojos o a pecho
descubierto, mirando de frente al pelotón de ejecución, los que preferimos
ésta última modalidad y quizá aún creamos que las masacres podrían
disminuir grandemente si todos supiésemos de qué juego se trata y
pudiésemos organizar una mejor distribución de las riquezas menguantes,
vamos a intentar, por todos los medios posibles, evitar que nuestros
conciudadanos se distraigan con los árboles que les van poniendo por el
camino y que se eleven un poco, para ver el verdadero bosque, aunque esté
en llamas.
Pedro Prieto. Coeditor de Crisis Energética
6 de enero de 2004. Regalo de Reyes.
Los datos citados en este artículo están extraídos de la Statistical
Review of world Energy 2003 de British Petroleum, que es públicamente
accesible en
http://www.bp.com/ y también de
http://www.crisisenergetica.org/