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John
Pilger desenmascara los intereses que rigen el nuevo orden mundial.
15 May 2003
'Los nuevos gobernantes del mundo' es un alegato contra la
globalización de la economía
Pocas voces se han alzado contra el nuevo orden mundial que surgió en los
últimos años tras la caída de la ex Unión Soviética.Y si exceptuamos la de Noam
Chomsky, ninguna tan virulenta y contundente como la del periodista australiano
John Pilger. Su reciente libro Los nuevos gobernantes del mundo, editado
por RBA, es un duro alegato contra la globalización de la economía, las
comunicaciones y la pobreza en un mundo donde el ochenta por ciento de la
riqueza está en manos de una minoría privilegiada.
Pilger ha destacado por su labor como corresponsal de guerra con el premio
francés Reporter sans Frontières. Vietnam, Camboya, Oriente Medio, Biafra,
Nicaragua, son algunos de los conflictos bélicos que ha cubierto. Sus dos libros
anteriores, escritos en colaboración, le han merecido el premio británico más
importante en la materia, Periodista del Año, en dos oportunidades. Pero la fama
le llegó como resultado de sus polémicos documentales para la televisión sobre
Camboya y Palestina.
Los nuevos gobernantes del mundo,
libro que toma el título de uno de aquellos documentales, reúne cuatro extensos
artículos, ya publicados en distintos medios, ampliados aquí en su versión
definitiva. El pupilo modelo, el primer artículo, versa sobre los
sangrientos mecanismos implementados por la 'economía global' en Indonesia. El
feroz régimen del general Suharto y el millón de muertos que dejó tras de sí
fueron el terreno propicio, financiado y apoyado por EE UU, para que media
docena de grandes corporaciones se repartieran la rica economía de la zona.
El precio que hay que pagar, el siguiente artículo, analiza las
consecuencias del largo bloqueo económico a Irak en la última década. Mientras,
El gran juego trata la guerra de Afganistán y la manipulación de la
opinión pública, y Los elegidos, el último artículo, se refiere a la
lucha de los aborígenes australianos y rescata del anonimato algunas figuras que
combaten el apartheid australiano.
A contrapelo del pensamiento posmoderno que afirma la desaparición o pronta
extinción del Estado, Pilger cree que el
Estado no desaparece sino que invierte sus funciones. La globalización se
traduce, según el periodista, en un abandono por parte del Estado de sus
funciones sociales por otras represivas o ya coercitivas, de fronteras para
afuera. Esta es la primera tesis que atraviesa el libro. La segunda, es
la idea de que el poder real en el mundo
globalizado se asienta en personas determinadas.
Los gobernantes del mundo son ahora una
entidad mixta que surge de la unión de mutuo beneficio entre los Estados
represores y la corporaciones multinacionales, verdaderas naciones en el
interior de un país desarrollado. «La General Motors es más rica que Dinamarca»,
ejemplifica Pilger.
El australiano define su trabajo como «periodismo básico». Y entiende la
profesión como una práctica que engloba varios aspectos. Primero, «una
investigación que tienda a descorrer las cortinas para ver qué se esconde
detrás», explica.
Segundo, «no aceptar la versión de los gobiernos y de los intereses creados». Y
por último, invertir la perspectiva de la información, «no de arriba hacia abajo
sino de abajo hacia arriba», dice Pilger. «Siempre el periodismo ha pecado de
actuar en pro de los intereses de los grandes poderes enfocando la información
desde el influjo que pueda ejercer en la opinión pública», asegura. «Yo soy
escéptico ante los grandes poderes», afirma Pilger.
La pasada guerra de Irak era la conclusión previsible de la política
norteamericana en medio oriente. «No hay
sorpresas», dice Pilger. La realidad es el mejor epílogo que su libro puede
encontrar. Según el autor, «los tres
pilares que sostenían el control norteamericano en Oriente medio eran: Israel,
Irán y Arabia Saudita». Pero la cúpula de Al Qaeda proviene en su mayor parte de
Arabia Saudita y ante el peligro de perder este control, no le queda más remedio
a los Estados Unidos, según su propia lógica de dominio, que «hacerse con la
segunda reserva de petróleo del mundo», explica Pilger.
«Si miramos un mapa del mundo después
del 11-S, nos damos cuenta de que EE UU se ha apoderado militarmente de todas la
vías de acceso a los combustibles fósiles. No se trata tan sólo de petróleo sino
de geoestrategia, de evitar que los posibles competidores tengan acceso a los
recursos», remata el autor. A pesar de la globalización, algunas cosas no
han cambiado; aunque ahora no se agita el fantasma de «la amenaza roja» sino del
«terrorismo internacional».
MATIAS NESPOLO
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