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“Sólo les asomaba la
cabeza”
EL PAÍS, lunes 5 de julio de 2004
XOSÉ HERMIDA Santiago
Aquel hombre de origen chino debió de pensar que cuatro muertes nunca
quedarían impunes. Temía las represalias de la empresa, así que pidió a la
policía que ocultase su nombre. El 27 de mayo, cuando el alba despuntaba
sobre la ría de Arousa, aquel hombre de ojos rasgados, tripulante del
Wisteria, un buque procedente de Senegal que iba a descargar una partida de
atún en Ribeira (A Coruña), se las arregló para deslizarle una nota al
práctico del puerto, antes de que éste abandonase el barco al que acababa de
asistir en la maniobra de atraque. Eran unas pocas palabras en mal inglés,
escritas con letras de molde. Delataban un crimen que, pese al empeño de
aquel hombre, probablemente nunca será juzgado.
La nota venia en medio folio de un papel con
caracteres cirílicos al dorso y decía: “4 men was throwed into sea!!!. By
C/O captain on 23rd may”. Cuatro hombres fueron arrojados al mar, por orden
del capitán, el 23 de mayo.
El práctico se fue con la nota a la policía. Durante tres días, desfiló por
la comisaría de Ribeira la tripulación del Wisteria, tres surcoreanos —el
capitán y los dos primeros oficiales— y 14 chinos,
todos contratados por una armadora
japonesa bajo pabellón de conveniencia panameño. Sus testimonios,
incluidos los de los propios oficiales acusados, fueron contradictorios en
muchos detalles. De algo, sin embargo, no había duda:
el capitán ordenó abandonar en el
mar a los cuatro polizones, sin más asidero que unas tablas y unas cuerdas,
en condiciones muy dificiles para la supervivencia. Aunque no consta
su muerte (faltan los cadáveres), el juzgado de instrucción número 2 de
Ribeira creyó disponer de indicios suficientes para formular cargos de
homicidio contra cuatro oficiales y el cocinero.
Un mes
más tarde, la causa ha sido archivada tras dictaminar la fiscalía que los
tribunales españoles no tienen jurisdicción sobre unos hechos ocurridos en
aguas de otro país que no se ha podido concretar, tal vez las de
Mauritania o Marruecos.
Los acusados del homicidio ya no están en
España.
También abandonó el país aquel hombre que se las había ingeniado para
entregar la nota al práctico, a riesgo de perder su empleo. Aquel hombre que
ya el 23 de mayo, después de que sus compañeros le describiesen la imagen de
los polizones perdiéndose en el horizonte “con el agua al cuello”, esperó a
quedarse solo e intentó conectar desde el barco con la radio costera.
El Wisteria había zarpado de Dakar, la capital
de Senegal, el 21 de mayo, con un
cargamento de atún para fábricas de conservas gallegas. Entre las
cuatro y las cinco de la tarde del día siguiente, se descubrió un polizón en
la sala de máquinas. El capitán asegura que lo lavó y le proporcionó
alimentos, además de un camarote.
Según los tripulantes, fue encerrado en el trastero para enseres de
limpieza. Llevaba consigo fotocopias de documentos personales que uno de los
marineros conservó como prueba y entregó a la policía. Se llamaba
Mame Thiermo Birabim Fali, nacido en Dakar en una fecha que está borrosa: el
30 de diciembre de 1973 o 1978.
El capitán, Cho Che Joo, de 55 años, y el
primer oficial, Hang Seong Hwan, de 53, sabían el problema burocrático que
les esperaba en España con el polizón a bordo. Cho ordenó entonces a cuatro
marineros que construyesen una suerte de
balsa con tablas y cuerdas, de apenas 2,5 por 1,5 metros.
A las seis de la madrugada del día
siguiente, la megafonía despertó a la tripulación para urgirle que se
incorporase a sus puestos. Bajo unas planchas de hierro de la sala de
máquinas habían aparecido otros tres polizones.
Uno de ellos era conocido por varios
tripulantes, porque en Dakar había pintando y lavado el barco a cambio de
comida. Les contó que procedía de Ghana y que tenía 45 años, esposa y
dos hijos.
El
capitán ni siquiera esperó a construir más balsas. Arrojó la que tenía al
mar y ordenó a los cuatro africanos que abandonasen el barco. Tras
insistirles, dos de ellos bajaron temerosos por la escalerilla de la borda.
Los otros dos, según varios testimonios recogidos por la policía, se
resistieron y suplicaron. Algunos
sostienen que les dieron patadas, que el cocinero les amenazó con un palo y
que, con el capitán y el primer oficial al frente, fueron empujados
escalerilla abajo. El propio cocinero admite que uno de los miembros de la
tripulación se encaró con él.
— “Son seres humanos”, le reprendió.
— “Lo ha ordenado el capitán”, se desentendió él.
El cocinero también afirma que usó una cuerda para hacerles llegar una bolsa
con agua, arroz y atún. Todos los
testimonios coinciden en que por lo menos tres de los polizones quedaron
flotando a duras penas sobre el mar. “Sólo les asomaba la cabeza”, declaró
uno de los marineros.
No se ha podido establecer dónde se encontraban. Según un tripulante, a 5
millas de tierra. Según los cálculos del capitán, a sólo media milla. Cho
Che Joo también negó en su declaración que se intimidase a los polizones.
Alegó que la balsa se había
construido “con buena madera” y destacó que mientras el Wisteria reanudaba
su singladura hacia Europa, los africanos agitaban los brazos desde el agua
en señal de despedida. |